¿Llegas todos los días sonriendo a tu trabajo?

Hay un momento en la vida profesional de dueños de negocio y ejecutivos de empresas en que el trabajo deja de energizarla. No ocurre de golpe. Ocurre tan gradualmente que cuando te das cuenta, hay costos que que ya han pasado la cuenta.

Juan Pablo Vigneaux | Coach de Negocios y Coach Ejecutivo · ActionCOACH Chile

La vida profesional tiene algo de montaña rusa. Hay períodos en que todo fluye y el trabajo energiza. Y hay otros en que algo se apaga por dentro sin que haya un motivo concreto que lo explique. No es un evento. No es una crisis. Es un estado. Y la mayoría de las veces, cuando te das cuenta de que estás en él, ya llevas demasiado tiempo así.

Para mí la señal siempre fue la misma: empezaba a dormir mal, a andar de mal humor sin una razón clara, a sentir que cada decisión y cada interacción requería calcular dónde pisar para no romper nada.

Pisando huevos, en términos simples.

No lo decía en voz alta. Seguía funcionando, cumpliendo, entregando resultados. Pero algo se había apagado por dentro. Y esa distancia entre lo que mostraba afuera y lo que sentía adentro tiene un costo que no aparece en ningún reporte de desempeño.

EL TRABAJO QUE DEJÓ DE TENER SENTIDO

Esto no le pasa solo a los dueños de negocio atrapados en la operación. Le pasa a ejecutivos con buenos sueldos y títulos importantes. Le pasa a gerentes que desde afuera parecen exitosos. Le pasa a personas que eligieron bien su carrera pero que en algún punto del camino perdieron el hilo de por qué lo estaban haciendo.

Las causas son siempre distintas. A veces es el estrés sostenido que eventualmente se mete en el sueño y en el carácter. A veces es la política interna de organizaciones grandes, donde una parte importante de la energía se gasta en gestionar relaciones y dinámicas que no tienen nada que ver con el trabajo real. A veces es la relación con el jefe, que cuando es difícil define el ánimo del día antes de que empieces a trabajar. A veces hay un personaje dentro de la organización al que hay que darle el gusto para que las cosas funcionen — y aprender a vivir con eso tiene un precio.

Ninguna de esas causas es menor. El Workforce Intelligence Report de Deloitte (2025) lo confirma con datos: el 56% de los ejecutivos reporta síntomas de burnout, un porcentaje mayor que el de cualquier otro grupo profesional. Y por primera vez, la fatiga mental, la sobrecarga cognitiva y la fricción en la toma de decisiones superaron al volumen de trabajo como principales causas. No es que haya más horas. Es que las horas que hay pesan más.

Son realidades que cualquier persona que haya trabajado durante años en organizaciones complejas conoce de cerca.

LO QUE SE PIERDE SIN QUE NADIE LO REGISTRE

El problema no es el mal humor ni el insomnio en sí mismos. El problema es lo que producen con el tiempo.

Cuando el trabajo deja de energizarte, lo primero que se resiente es la calidad de las decisiones. No porque seas menos capaz, sino porque tomar buenas decisiones requiere claridad mental y una reserva de energía que el desgaste sostenido va consumiendo. Empiezas a resolver en lugar de decidir. A apagar incendios en lugar de prevenirlos. A sobrevivir la semana en lugar de construir algo.

Lo segundo que se resiente es la creatividad. Las mejores ideas no aparecen cuando estás en modo supervivencia. Aparecen cuando tienes espacio mental para pensar más allá de lo urgente.

Y lo tercero, que es quizás lo más costoso, es la relación con las personas que te rodean. El mal humor que no tiene nombre propio termina teniendo destinatarios concretos: el equipo, la familia, las personas más cercanas que reciben los restos de una energía que se agotó antes de llegar a ellos.

EL SÍNTOMA QUE SE VUELVE PAISAJE

En mi trabajo acompaño tanto a dueños de negocio como a ejecutivos de empresas medianas y grandes. Y hay una señal que aparece con una frecuencia que ya no me sorprende pero que sigue impactándome.

La persona lleva meses o años funcionando en un estado de desgaste que ya normalizó. No lo identifica como un problema porque sigue rindiendo. Sigue cumpliendo. Sigue siendo funcional. Pero si le preguntas cuándo fue la última vez que terminó un día sintiéndose bien con lo que hizo, la respuesta tarda en llegar.

Esa demora es el diagnóstico.

No significa que haya que cambiar de trabajo ni de carrera ni de empresa. Significa que hay algo que revisar. Algo que perdió su lugar o que nunca lo tuvo. Algo que vale la pena nombrar antes de que el cuerpo lo nombre por ti.

POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL RECONOCERLO

Hay una razón por la que este tema se evita tanto. Reconocer que el trabajo ya no te hace bien implica hacerse preguntas para las que no siempre hay respuestas cómodas. ¿Qué cambiaría si pudiera? ¿Tengo realmente margen para cambiarlo? ¿Es el trabajo, soy yo, o es la combinación de los dos?

Y en el mundo ejecutivo y empresarial, admitir que algo no está bien se percibe como debilidad. Como si el cansancio fuera una falla de carácter y no el resultado predecible de años de alta exigencia sin suficiente recuperación.

Pero hay algo que aprendí tanto de mi propia experiencia como de las conversaciones con las personas que acompaño: el desgaste que no se nombra no desaparece. Se acumula. Y en algún punto se cobra, de una forma u otra.

LA PREGUNTA QUE VALE LA PENA HACERSE

No tengo una fórmula para saber si tu trabajo todavía tiene sentido para ti. Pero hay algo que funciona como punto de partida.

¿Cómo estás durmiendo? ¿Cómo llegas a casa? ¿Hay algo que antes te energizaba y que hoy simplemente no aparece? ¿Cuándo fue la última vez que terminaste un día sintiéndote bien con lo que construiste?

Esas preguntas no tienen respuestas correctas. Tienen respuestas honestas. Y a veces la respuesta honesta es el primer paso hacia algo que vale más que cualquier indicador de desempeño.

Si reconoces en este artículo algo de lo que estás viviendo hoy y quieres explorar qué está pasando y qué podrías hacer al respecto, agendemos una conversación inicial sin costo.

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Juan Pablo Vigneaux es Coach de Negocios y Coach Ejecutivo certificado por ActionCOACH, la firma número 1 de coaching empresarial en el mundo. Con 25 años de experiencia ejecutiva en retail, consumo masivo y expansión internacional, hoy acompaña a líderes y dueños de empresas chilenas a construir negocios más rentables, con mejores equipos y más tiempo para vivir.

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